miércoles, 15 de agosto de 2012

"AD INFINITUM"


Ciertas cosas me quedan de la infancia
grabadas como a fuego en la memoria:
una de ellas el agua de Mondariz;
pero no el agua misma, el recipiente…

Veo en esa botella la etiqueta
donde aparece vestido de otros tiempos
un personaje avaro que se aferra
a una enorme botella etiquetada…

con mismo personaje ahora abrazado
a otra botella luciendo la etiqueta
de un tercer personaje que se agarra
a una cuarta botella de la serie…

Y así multiplicando “ad infinitum”
la espiral de avarientos y botellas
cada vez más pequeños y encerrados
en secuencia de envases decrecientes.

Minúsculas botellas que se llevan
sucesivos enanos arlequines
hacia simas de un pozo que es sin fondo
(donde aguarda sin duda el maestro Escher).

Ello pobló mis sueños infantiles
con la fascinación de hacer posible
volar por entre espejos enfrentados
hacia otras realidades no mundanas;

descubrieron la magia de lo abstracto
e ilustraron de forma inolvidable
—más que un árido tratado matemático—
el concepto a lo vivo de infinito.

Ahora al beber de la botella al lado,
me pregunto si seré yo una de esas
figuras sumergidas en secuencias
sin origen ni término alcanzable.

¿Qué mano —infiero— al cabo me sostiene
bebiendo de botella que me muestra
como arlequín pegado a una etiqueta
multiplicando absurdo "ad infinitum"?.



© albertotrocóniz / 12
Texto de: "LA ESPUMA DE LOS DÍAS”
Imagen de: "FOTOTRATADA"



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